Este médico haitiano levantó un imperio de 6.000 millones creando una empresa dedicada al desarrollo de fármacos para la depresión y el alzhéimer
Axsome Therapeutics despliega tres medicamentos en el mercado y cinco en desarrollo, con la ambición de llegar a los 150 millones de pacientes que enfrentan trastornos cerebrales en EE.UU.
Cuando Herriot Tabuteau fundó Axsome Therapeutics en 2012, eligió un camino poco convencional: enfocarse en los trastornos cerebrales, un terreno de enorme complejidad científica y clínica. Decidió ser tanto el arquitecto científico como el director ejecutivo, capitalizando su experiencia en inversión biotecnológica y su formación médica. Se negó al capital riesgo, optando en cambio por financiarse con ahorros propios y el apoyo de familiares y amigos.
«Si haces lo mismo que todos, obtendrás lo mismo que ellos. Nosotros queríamos un resultado distinto», afirma Tabuteau, de 57 años, en su primera entrevista con un medio sobre la compañía.
Axsome, bautizada a partir de las partes de una neurona —axón y soma—, inició su recorrido en un modesto despacho sin ventanas en el Rockefeller Center, hoy recordado como “el armario de las escobas”. De aquel inicio austero pasó a consolidar tres fármacos en el mercado y otros cinco en fase de desarrollo, con la ambición de transformar la vida de más de 150 millones de estadounidenses afectados por depresión, TDAH o alzhéimer. Los ingresos del último año alcanzaron los 495 millones de dólares, un 70% más que en 2024, aunque la compañía todavía no registra beneficios y mantiene pérdidas de 247 millones.
Actualmente cotizada en el Nasdaq, Axsome ostenta una capitalización de 6.100 millones de dólares. Tabuteau conserva una participación del 15%, suficiente para convertirlo en multimillonario. Estima que la cartera actual podría escalar hasta 16.500 millones en ventas anuales, situando a la empresa entre las 25 farmacéuticas más grandes del mundo. Sin embargo, el camino es arduo: solo una de cada cuatro moléculas logra superar los exigentes ensayos de fase III y obtener el aval de la FDA.
La historia personal de Tabuteau es tan resiliente como su compañía. Nació en Haití y vivió su infancia marcada por el abandono y la precariedad. A los nueve años emigró a Nueva York con su padre y su madre adoptiva. Graduado en biología molecular y bioquímica por Wesleyan, llegó a la Facultad de Medicina de Yale con el sueño de ser neurocirujano, pero el desencanto ante la vida de sus mentores lo llevó a cambiar de rumbo: en lugar del quirófano, eligió Wall Street. En Goldman Sachs inició una carrera de dos décadas en banca de inversión y fondos de cobertura especializados en biotecnología, donde perfeccionó la visión que más tarde aplicaría a Axsome: diversificar riesgos, reducir costes y apostar por ensayos clínicos internos.
El camino no estuvo exento de tropiezos. Tras salir a bolsa en 2015, las acciones languidecieron durante años por debajo de los 10 dólares, hasta caer a una capitalización inferior a 100 millones tras el fracaso de un primer fármaco para el dolor. “Durante mucho tiempo nadie creyó en Axsome, y aún hay escépticos”, reconoce Nick Pizzie, director financiero.
El punto de inflexión llegó en 2022 con Auvelity, un tratamiento innovador para el trastorno depresivo mayor, aprobado por la FDA en agosto de ese año. Su mecanismo combina dos moléculas ya conocidas, pero con la ventaja de actuar en una semana frente a las seis u ocho que requieren los antidepresivos convencionales. El mercado reaccionó de inmediato: las acciones se dispararon un 65% y la empresa se valoró en 3.000 millones. Auvelity prevé cerrar 2025 con 500 millones de dólares en ventas y ya está encaminado a convertirse en un blockbuster, protegido además por un litigio de patentes que blindará su exclusividad hasta 2038.
La visión financiera de Tabuteau también se evidenció en la adquisición de Sunosi, un fármaco para la somnolencia diurna asociada a narcolepsia o apnea del sueño. Comprado en 2021 por 53 millones de dólares más regalías, se revendió parcialmente en menos de un año a Europa, Oriente Medio y África por 66 millones, además de hitos adicionales. Hoy, Sunosi supera los 100 millones en ingresos anuales.
Las acciones de Axsome han crecido un 35% en el último año, alcanzando los 122 dólares y superando ampliamente al índice Nasdaq Biotech. El próximo desafío es un tratamiento contra la agitación vinculada al alzhéimer, una necesidad clínica urgente frente a los antipsicóticos actuales, cuya toxicidad limita su uso. Aunque los resultados han sido dispares, Axsome planea solicitar la aprobación antes de fin de año. Los analistas creen que la alta necesidad médica podría jugar a su favor.
Tabuteau mantiene una visión ambiciosa: espera que Auvelity supere los 3.000 millones en ventas y que el nuevo fármaco contra la agitación del alzhéimer alcance hasta 3.000 millones más, clave para la meta de 16.500 millones. «Puede que seamos pequeños en tamaño, pero no lo somos en fundamentos ni en ambición», sentencia.
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