Falabella: del pequeño sastre de barrio al imperio latino que transformó la forma de comprar
Todo empezó en 1889, cuando Salvatore Falabella, un inmigrante italiano, abrió un pequeño taller de sastrería en el corazón de Santiago de Chile. Lo que parecía una simple tienda de ropa, escondía una ambición silenciosa: crear algo más grande que él, algo que pudiera resistir el paso del tiempo. Lo logró. Más de 130 años después, ese taller se convirtió en una de las compañías más poderosas del retail latinoamericano.
El nacimiento del imperio
A lo largo del siglo XX, Falabella pasó de ser una tienda local a un gigante del comercio. Con una estrategia de expansión agresiva y un enfoque centrado en el cliente, fue incorporando departamentos, servicios financieros, tarjetas de crédito, y hasta su propio banco. Pronto llegaron los supermercados, las tiendas por departamento, y más tarde, los e-commerce. La fórmula: estar siempre un paso adelante de lo que pedía el consumidor.
Hoy, Falabella no solo está en Chile. Tiene operaciones en Perú, Colombia y Argentina, con una marca que atraviesa generaciones y estilos de vida. Es más que una tienda: es un ecosistema de consumo.
Innovación en el ADN
Cuando el mundo migró al online, Falabella ya estaba ahí. Lanzó su plataforma digital antes que muchos competidores, y hoy su e-commerce es uno de los más importantes de la región. Además, supo adaptarse al ritmo vertiginoso de la tecnología, invirtiendo en logística, inteligencia artificial, personalización y omnicanalidad. Comprar en Falabella es tener acceso a moda, hogar, tecnología, belleza y hasta viajes, todo desde una misma experiencia integrada.
Lo que hace fuerte a Falabella no es solo lo que vende, sino cómo lo vende. Con un enfoque en la experiencia del cliente, la marca supo construir confianza. Y en el retail, eso vale más que el stock.
Influencia y cultura de consumo
Falabella no solo vende productos, también construye estilos de vida. Marca tendencias, define temporadas y ofrece a millones de personas una forma de expresar su identidad a través del consumo. En ciudades donde tener una tarjeta CMR es casi un ritual de iniciación al mundo adulto, la empresa no es solo un lugar donde comprar: es parte del tejido social.
Con campañas que apelan a la emoción, a la cercanía, y al orgullo de lo latino, Falabella supo posicionarse como un referente aspiracional pero accesible, masivo pero con estilo.
Un legado en movimiento
En un mundo donde el comercio cambia todos los días, Falabella sigue reinventándose. Ya no es solo retail: ahora apuesta a lo digital, al marketplace, a la sostenibilidad y a nuevas formas de conexión con el consumidor. Pero sin olvidar de dónde vino: un pequeño sastre que creía en la calidad, la confianza y el trabajo bien hecho.
Porque al final, las grandes marcas no nacen gigantes. Se construyen con visión, con tiempo… y con mucha, mucha onda.
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